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Wheels For All – Etapa 2: de Praga a Estambul cruzando Europa

Esta etapa se caracterizó por la emoción inicial de la salida y sobre todo por las ganas de ver se éramos capaces de hacernos al coche, a la manera de vivir, de no saber dónde vas a dormir cada día: ¿será albergue, camping, en medio de la nada?
Queríamos pasar medianamente rápido la parte europea para “meternos en harina”. Uno de nuestros componentes del equipo, Johnatan, cuenta con menos tiempo debido a su trabajo en Madrid, entonces todo lo que podamos aprovechar mejor.
Esta etapa fue más rápida, pero a la vez disfrutamos más que en la anterior del paisaje, de la gente y contactamos con más personas por el camino. Fuimos descubriendo como nos íbamos haciendo al coche sin problema, como todos los miedos que teníamos al principio se iban resolviendo solos.
El coche es muy cómodo, se ha convertido en nuestra casa, con todo lo que necesitamos dentro. Hemos sido capaces de organizarnos para que esté equipado con todo lo necesario para vivir dos días. Ha sido la etapa en la que nos hemos hecho a esta forma de vivir.
Un día antes de llegar a Estambul hicimos una parada en Constanza (Rumanía) en un evento de la organización del Mongol Rally. Allí nos reencontramos con otros equipos y fue también la despedida real de Europa.
Llegamos allí un poco tarde, acampamos y saludamos a todo el mundo. A la mañana siguiente salimos por nuestra cuenta; cruzamos Bulgaria casi sin parar y nos enfrentamos a nuestra primera frontera: este fue un momento crucial, porque íbamos sin saber bien qué ocurriría, cuanto tiempo nos llevaría, etc. Resultó ser mucho más fácil de lo que pensábamos, en menos de 1h estábamos otra vez en la carretera, y llegamos en seguida a Estambul con muchísima ilusión.


En este proceso, y esto quizá sea lo más importante de toda la etapa, empezamos a notar el cansancio. Veníamos bastante cansados desde Rumania y hubo algunos roces sobre lo que hacer, cual era la mejor ruta y qué decisiones tomar para llegar a Estambul. En el momento fue bastante duro, era difícil pensar qué era lo mejor, pero finalmente fue muy satisfactorio porque conseguimos cruzar la frontera y llegar a nuestro destino. Además, hacía un tiempo maravilloso en Turkia que nos acompañó hasta la llegada a Estambul y empezaron a surgir risas, ilusión de nuevo y la idea de que estábamos a las puertas de Asia por fin.


La entrada en Estambul fue increíble: fueron 45 km a unos 70 km/h sin parar de ver edifiocos, centro comerciales, mezquitas…¡Es una ciudad enorme! De 20 millones de personas, y nos asombró. Conducen como locos, y nos entró un ataque de risa mientras intentábamos sobrevivir el trayecto hasta nuestro Hostal.
Llegamos al Hostal y conocimos a su dueño, un chaval de Estambul que nos enseñó la terraza y nos preparó un té y una shisha de bienvenida. Allí nos estuvo dando las primeras indicaciones sobre la ciudad y ahí sentimos de verdad que lo habíamos logrado, que habíamos alcanzado un hito en nuestra ruta, y que a partir de ese momento todo iba a ser muy diferente para nuestros ojos, para nuestra mente. ¡Habíamos conseguido cruzar Europa!
Al día siguiente descansamos en Estambul, nuestro plan es parar un día de vez en cuando para poder respirar un poco.
Nos sentimos muy satisfechos y seguimos disfrutando de la emoción de continuar el viaje.

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