BiciBlog

Etapa 17 y 18: de Castellón hasta Tarragona, pasando por Peñíscola

Publicado el

Tras despedirme de Salva, continué mi camino hasta Peñíscola, para ello tuve que atravesar la hermosa Sierra de Irta. En el camino me encontré con un constructor de barcos, tuvimos una interesante conversación acerca de lo importante que sería acercar la sostenibilidad a la navegación, reemplazar esos motores Diesel por motores eléctricos alimentados por energía solar.
Una vez llegué a Peñíscola me esperaba Juan Telechea, un amigo uruguayo que hacía más de 15 años que estaba en España. Con su particular acento gaucho, me comentó lo siguiente:
– Yo no te puedo alojar porque trabajo de noche, pero le he preguntado a mi amigo Víctor si te podía dar cobijo, y chico… estás de suerte, vas a dormir en el núcleo cultural de Peñíscola.
Yo no entendía nada, ¿El núcleo cultural de Peñíscola?
– Se trata de una librería social regentada por Víctor. Añadió Juan.
Todo me parecía muy extravagante, jamás me hubiese imaginado que iba a pasar la noche en una librería. Finalmente, Juan me presentó a Víctor, guardamos la Bicicleta Solar en la librería, y empecé a hacer preguntas a mi nuevo anfitrión.
Víctor me empezó a contar los detalles de su proyecto, se trataba de una librería social, donde todos lo libros eran cedidos por los peñiscolanos, en los dos días que estuve, nunca vi la librería vacía, siempre había alguien interesante con quien charlar. Resulta que la librería era una casa también, Víctor vivía en el piso superior y me hizo un hueco para pasar las dos noches.
La primera noche fue muy agitada e impredecible, una vez cerrada la librería al público, se unieron unos amigos de Víctor para charlar y pasar un buen rato, una cosa llevó a la otra, y Víctor nos propuso ir a los jardines del Castillo de Peñíscola, el único inconveniente es que esos jardines están cerrados al público en horario nocturno.
Víctor era concejal en el ayuntamiento, y siempre ha venido reclamando que se abran al público los jardines durante las 24 horas del día.
– Vamos a los jardines, no deberían estar cerrados, los peñiscolanos tenemos el derecho a disfrutar del Castillo, y Eugenio se merece conocerlos, si nos encontramos con una valla, pues la saltamos.
Con aquellas palabras, Víctor consiguió convencerme a mí y a otros 7 amigos. Juntos hicimos aquella excursión nocturna a los jardines del Castillo. La que se lío fue buena, al cabo de 30 minutos de paseo, los guardias de seguridad alertaron a la policía, la cual se presentó en el Castillo.
– ¿Otra vez tú, Víctor?
Le decía uno de los policías. Salimos en varios medios locales por lo sucedido. Había conseguido su objetivo, reabrir el debate de si los jardines deberían estar cerrados al público.

Con esa experiencia aprendí que hay veces que el fin justifica los medios, con nuestra acción no hicimos ningún daño, y aun así conseguimos reivindicar una buena causa.
Cuando se calmó la noche, nos fuimos todas a la playa a esperar pacientemente a que saliese nuestro amigo el Sol.

En el poco tiempo que estuve con Víctor me dio la impresión de que era el más conocido del pueblo, siempre que paseábamos por la calle la gente le iba saludando. Es una muy buena persona, que tiene sus métodos para llamar la atención e impulsar el cambio en su comunidad.
Me llevé de aquella librería un par de libros y un amigo muy especial.
Tocaba poner rumbo a Tarragona, pasando por el delta del Ebro. En cada etapa suelo pasar entre 6 y 10 horas en la bicicleta, es tiempo más que suficiente para pensar en todo lo acontecido, muchísimas emociones en tan poco tiempo. Se cumplían 45 días desde que empecé y no quería que se acabase nunca, cada día era una nueva lección.
En Tarragona me esperaba Nuria, con una de las mejores cenas hasta el momento, ella sabía lo importante que es tener un sitio donde descansar y reponer fuerzas tras una larga etapa. ¡Resulta que Nuria también había dado la vuelta a España en bicicleta!
Pudimos intercambiar vivencias y similitudes acerca de nuestras aventuras. Después nos unimos a sus amigos ciclistas para tomar una cerveza. Cada día me sorprendo más con la cantidad de gente en España que es aficionada a la Bicicleta.
Nuria me enseñó algunos rincones especiales de Tarragona, es una ciudad a la que volveré con más tiempo, me estuvo explicando la tradición de los Castells, y cómo conseguían hacer esas torres humanas tan altas, definitivamente tengo que volver y ver ese espectáculo en directo.
Con ganas de más, abandoné Tarragona, dirección Barcelona, algún día espero poder reencontrarme con todos los amigos que voy haciendo por el camino, es la mejor parte sin duda.
Nuria, Víctor, muchas gracias por abrirme la puerta de vuestro hogar. Nos vemos pronto.
En la Etapa 18 os cuento cómo acabé en un festival de música de la mano de Som Energía y su Watt-Mobile. Repartiendo energía para cargar el teléfono con energía solar.

Please follow and like us:

Un comentario en “Etapa 17 y 18: de Castellón hasta Tarragona, pasando por Peñíscola

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *