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Etapa 16: De Valencia hasta Peñíscola, pasando por Castellón. La historia de cómo conocí a Salva, y cómo se convirtió en un amigo atemporal

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vuelta a españa solar

Valencia, 7 de julio, iba a contrarreloj, tras el problema mecánico que tuve en Valencia, no tenía más remedio que pedalear fuerte para llegar a tiempo al evento que teníamos programado a las 18:00 en el Planetario de Castellón.

Era el cuarto día consecutivo que pedaleaba, mis piernas pedían descanso, mis cuádriceps ardían, y mis glúteos me querían pedir el divorcio, pero mi mente estaba animada y contenta repasando todo lo vivido en Valencia.

24 horas con Salva.

Juan Antonio me había puesto en contacto con Salva, el cual me iba a dar apoyo logístico en Castellón de la Plana. Llegué a su casa a las 17:00, me dio tiempo a una ducha rápida y nos fuimos los dos en bici en dirección al evento de Pedaleo Solar en el Planetario, durante el camino se unió David, de Castelló en Bici. En el Planetario nos esperaba gente de Som Energia, Plataforma por un nuevo modelo energético, y ciudadanos de a pie curiosos por ver la Bicicleta Solar.
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Tras exponer el proyecto y responder a todas las preguntas decidimos desmantelar el chiringuito.

Salva entonces nos dijo a David y a mí:

  • Vamos a casa de un amigo que tiene una barbacoa y nos ha invitado.

A Salva se le olvidó comentar que aquel evento estaba en Benicasim, a unos 12 kilómetros de nuestra posición, bueno, pues este fue el trayecto más accidentado y divertido de todo el pedaleo solar, a los 200 metros noto algo extraño en mi motociclo solar. Me paré un momento a revisar cual era el problema, entre tanto se acercó un coche de la policía municipal.

  • ¿Esto que es? Preguntó sorprendida una de las policías.

Yo mientras se lo explicaba estaba agachado intentando ver cual era el problema, la policía no paraba de hacer preguntas, pero solo para cotillear, Salva intentaba responder por mi mientras yo estaba observando los cables eléctricos de la rueda trasera, sabía que algo fallaba. Entre tanta distracción se me olvidó colocar el “gancho” de seguridad que lleva el remolque para colocarlo en el cuadro de la bicicleta a modo de protección. Fue un error fatal, esta pieza suelta se enganchó en uno de los radios de la rueda trasera, en cuanto me subí a la bicicleta y di dos pedales para probar la bicicleta, escuché un gran chispazo…

Miré hacia atrás y vi como una nube de humo salía aparentemente del motor…

  • A la mierda. Pensé. Se acabó la vuelta a España, el motor se ha quemado.

A todo esto. la policía y Salva preguntándome que había pasado. Les hice caso omiso, estaba frustrado y tratando de averiguar qué había pasado. Fue entonces cuando vi ese gancho atascado en la rueda, y como la mala suerte había hecho que uno de las tuercas de la correa del gancho aplastase el cable de corriente que iba de los paneles solares al motor eléctrico.

El cable se había prendido fuego, la presión en el cable había provocado un cortocircuito. Menos mal, pensé. Me puse a reemplazar el cable cortado mientras escuchaba los chistes de Salva, el tío me hacía reír y mucho, pese a mi enfado por un error tan tonto, consiguió sacarme una sonrisa.

(Aquí me tenéis mordiendo el cable quemado a lo Rafa Nadal a petición del cachondo de Salva)
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Una vez reparado nos despedimos de la policía y seguimos nuestro camino, habíamos recorrido 200 metros de los 12.400 totales. Bueno, pues resulta que a los cinco minutos le pregunto a Salva.

  • Oye, ¿y David dónde está?. Le pregunté preocupado a Salva.

Resulta que nos llama y nos dice que ha pinchado. Dimos media vuelta y fuimos en su búsqueda a través del paseo marítimo. No es que buscásemos exhaustivamente, pero no estaba por ningún lado. Decidimos pegarnos un baño en el mediterráneo para aliviar tanto estrés sufrido en los últimos minutos. Muy preocupados por David, nos metimos en el mar a nadar a las 8 de la tarde. Cuando volvimos al paseo marítimo David finalmente apareció. Decía que se había puesto detrás de una palmera para protegerse del Sol mientras arreglaba el pinchazo.

Llevábamos ya unos 1.500 metros en 1 hora aproximadamente, cuando se unió Jorge a nuestra aventura.  Llegamos a la casa de los amigos de Salva, y resulta que nos habían leído el mensaje de que no solo iba él, sino el amigo del amigo, que conoce a un amigo y se trae a un amigo. Total, nos presentamos 4 tíos en bicicleta, yo con mi ostentosa bici solar, y por poco no nos abren la puerta para dejarnos entran a la cena. Después de una agradable cena ya era media noche, y le comentaba a Salva:

  • Salva, tenemos que volver. Mañana tengo que llegar a Peñíscola pedaleando y tengo una entrevista en la sede de Onda Cero por la mañana. ¡Y estamos en Benicasim!
  • No te preocupes Eugenio, nos vamos ya, y mañana te acompañamos a la radio y nos vamos contigo a Peñíscola. Me decía Salva.

Y así fue, tras una vuelta nocturna de otros 12 km hasta llegar a Castellón, pudimos malamente entrar en casa (Salva se había olvidado las llaves en Benicasim, pero como es cerrajero, digamos que tiene sus truquitos para salvar toda situación peliaguda).

Al día siguiente, como prometido me escoltaron Salva, David y Jorge a la radio, hice rápidamente la entrevista con María para el programa del finde semana de OndaCero y sin más dilación pusimos rumbo a Peñíscola.

  • ¡Somos ciclistas! Se escuchaba cada 10 minutos mientras íbamos los 4 amigos pedaleando, como si de Verano Azul se tratase.

 
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Nos paramos en un bar a tomarnos una horchata refrescante. Cuando me quise dar cuenta aparece Salva en bañador y todo mojado, resulta que había una piscina al lado del bar.

  • Eugenio, ¿Es que te lo vas a pensar o qué? Me decía Salva de forma jocosa.

Ese chapuzón inesperado nos sirvió para seguir nuestra andadura más fresquitos. Más adelante. Paramos a comer en una playa cuyo nombre no me acuerdo, y apareció Miquel, el hijo de Salva, que con 12 años estaba hecho un campeón, me contaba historias de cómo junto a su padre se habían ido de excursión con la bicicleta acampando y durmiendo donde pillaban.

La verdad es que Salva es una gran persona, llena de alegría y entusiasmo por la vida, y eso mismo lo pude ver reflejado en su hijo.

Jorge y David, se lo pensaron dos veces y se dieron media vuelta hacia Castellón. Salva y yo continuamos juntos, hubo pinchazos, piedras, cruces de ríos y un anciano enfadado por el camino, estoy seguro de que cada historia con Salva la recordaré con mucha claridad e intensidad, Esas 24 horas con Salva fueron las más divertidas de todo el viaje, me llevo otro amigo para toda la vida.  Continuamos juntos hasta la entrada de la Sierra del Irta, donde finalmente nos despedimos.

Me dispuse a cruzar aquella Sierra. Ya me habían advertido que era un pedregal, pero que merecía la pena, y así fue. Pude disfrutar de una exuberante naturaleza boscosa que se hacía paso a través de la costa y los acantilados.

Después de las andanzas con Salva, me esperaba otra aventura totalmente distinta a las anteriores. Me iba a alojar en una librería social, La Templanza, en Peñíscola, de la mano de Víctor, político de la ciudad…continuará.

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